¿Mi hijo sufre dislexia?

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A partir de los 3 ó 4 años los niños comienzan a aprender las letras, los números y se inician en la lecto-escritura, normalmente en la guardería o escuela infantil junto con el apoyo de sus padres.

La maduración del aprendizaje de símbolos nuevos y abstractos, como son los números y las letras, es diferente para cada niño, con períodos en alternancia de aprendizaje rápido, periodos de maduración y períodos de reposo, donde pareciera que el niño se ha “atascado” en su desarrollo.

El término dislexia se define como la dificultad en la comprensión de la lectura que impide tener una comprensión correcta y completa, pese a que la persona, y en este caso el niño, tiene un entorno social y familiar normal, se le está enseñando de forma adecuada, su nivel cognitivo e intelectual es normal y no padece otros problemas físicos o psicológicos que puedan explicar esa dificultad en aprender a leer.

Es un problema frecuente, pues entre un 10% y un 15% de los niños la padecen en algún grado, con más afección en niños que en niñas, por lo que en un aula de 25 niños es normal que al menos uno de ellos padezca dislexia.

Problemas asociados a la dislexia

La dislexia a menudo tiene asociados otros problemas de aprendizaje, como la disgrafía que se define como una dificultad en el trazado correcto de las letras, ya sea en el tamaño, en la presión de escritura, etc., y más adelante podría asociarse a la disortografía, que es la dificultad que se tiene para usar correctamente reglas ortográficas.

También puede existir un problema de pronunciación, sobre todo en palabras nuevas de tamaño largo o estén combinadas, pues producirán dificultades a la hora de leerlas.

Cómo se detecta la dislexia

Un niño disléxico tendrá dificultades en la lecto-escritura antes mencionada, manifestándose en que lee despacio, con trabajo y cometiendo muchos errores al leer. También cometerá bastantes faltas de ortografía, o unirá o separará erróneamente multitud de palabras.

Es frecuente que tenga problemas en la memorización de frases o pequeños aprendizajes, con olvidos rápidos.

En niños de edad preescolar se verá que existe una confusión en el vocabulario y en su pronunciación en palabras similares; tendrá días de éxito escolar alternados de días de fracaso, sin una causa aparente. No conseguirá aprender con facilidad canciones, rimas o cuentos infantiles. Destacará más en juegos técnicos, del tipo construcciones y bloques, que en habilidades lingüísticas. Le costará mucho aprender a leer y a escribir, escribiendo a menudo los números o las letras “en espejo” o tendrá dificultad para distinguir entre la izquierda y la derecha. Aprender el alfabeto, las tablas de multiplicar, los días de la semana o los meses… serán tareas arduas y costosas para los niños disléxicos.

¿Cómo detectar la dislexia en tu hijo? En niños de 9 a 12 años se podrá notar cuando tenga que combinar varios aspectos de un trabajo de lecto-escritura, será frecuente que cometa errores de ortografía en una redacción en la que tenga que estructurar varios conceptos distintos. Tendrá una forma extraña a la hora de escribir, omitiendo letras o alterando el orden. Será desorganizado en sus cosas, tanto en el colegio como en su hogar, así como es frecuente tener problemas de conducta, como una baja atención, rasgos de inmadurez al compararlo con sus compañeros, gestos impulsivos… unido a una falta de confianza en sí mismo, con el consiguiente aumento de frustración interna.

Estos trastornos no se dan en su totalidad, y varían según la persona y sus circunstancias. Lo común en todos es la falta de atención, pues como tienen que realizar mayor esfuerzo intelectual para conseguir los mismos resultados, se fatigan mentalmente a menudo, produciendo esa falta de atención. En realidad el niño no es vago, ni tiene un retraso evolutivo, por lo que no se le debe reprochar la falta de atención

Si el tratamiento se atrasa y no se toma a tiempo, este problema se agudiza conforme pasan los años, llegando a ocurrir que el niño se desinterese por estudiar, sobre todo si en su entorno familiar no se le motiva adecuadamente, bajando sus notas escolares y sintiéndose marginado entre sus compañeros.

Tratamiento de la dislexia

Unas de las técnicas más efectivas en el tratamiento es la llamada “sobreaprendizaje”, donde se vuelve a aprender la lecto-escritura adecuando el ritmo a las posibilidades del niño, y marcando sus éxitos.

De apoyo a esta técnica se realizarán las colecciones de fichas, para hacer variar las tareas y que éstas no sean repetitivas y poco motivadoras.

Es normal invertir mucho tiempo en practicar el sobreaprendizaje para que el niño domine adecuadamente la nueva técnica y la sustituya por lo aprendido anteriormente con errores, y necesitará ayuda para relacionar los nuevos conceptos con lo que aprendió anteriormente.

Trabajar sobre la autoestima del niño, al mismo tiempo que sobre la dislexia, es fundamental para lograr resultados óptimos. Los profesores deben estar implicados y ser conocedores de este trastorno, para adecuar su ritmo de trabajo de forma personalizada sin que el niño se sienta especial o distinto, para evitar que se margine de sus compañeros.

El papel de los padres también es fundamental, no debe recaer todo el esfuerzo en el profesor o en el psicólogo que atiende el trastorno. El mayor apoyo paternal debe darse a nivel emocional y social. Será normal tener que explicar al niño su dificultad disléxico, para que el niño entienda que no es “tonto” y que con esfuerzo superará esta dificultad con éxito. También hay que hacerle sentir querido y respetado aunque sus notas escolares no sean las mejores.

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